SUERTE QUE NO ENCENDISTE LA LUZ

Suerte que no encendiste la luz

Yanet era una chica, con aspiraciones, aspiraciones que la llevaron a tomar la desición de empezar una carrera universitaria, la cual conllevo a su vez un cambio de vida, tuvo que mudarse y alquilar una habitación la cual compartía con su amiga, cerca de la universidad donde estudiaba.

Yanet tras asistir a una fiesta, llega a altas horas de la noche a la residencia de estudiantes donde vive, se ha quedado hasta tarde con unas amigas entre platica y platica, y cuando llega a dormir son más de las tres de la mañana.


Se dispone a entrar a la habitación tratando de no hacer ruido alguno para no despertar a su compañera de cuarto, que en poco tiempo se había convertido como en una hermana, tampoco enciende la luz para no molestarla por lo que tiene que avanzar a oscuras empleando solo la luz de tu teléfono móvil para no golpearse con los muebles.

Cuando se mete en la cama y trata de descansar sin hacer ruidos, empieza a oír unos quejidos ahogados, la chica se queda en silencio para escuchar mejor. El sonido es como pequeños grititos ahogados o quejidos sin fuerza. Se imagina que su compañera se habrá traído a su novio al cuarto y estarán teniendo una noche apasionada, pero le sorprende que no colgara una prenda de ropa en la puerta como acostumbran a hacer como señal de que tienen “visitas”

Pero está demasiado cansada para levantarse y buscar otro sitio donde dormir. Sin darse cuenta cae en un profundo sueño entre lamentos y quejidos, que se escuchaba en la habitación ...

A la mañana siguiente se despierta sintiendo una humedad en su cama y un olor fétido, aún medio dormida lleva su mano al líquido que empapa la sabana y pega un salto tras comprobar que es sangre. Sobre su sabana la cabeza cortada de su amiga con un pañuelo en la boca que le sirvió de mordaza la noche pasada.

La habitación parece un matadero, todo está ensangrentado, las paredes manchadas con signos de rasguños y en medio de esa escena terrorífica, se podía leer en la pared escrito con la sangre de su amiga :

“Suerte que no encendiste la luz”

Al llegar el forense dictaminó que la chica llevaba pocas horas muerta, al parecer el asesino la había estado torturando toda la noche a escasos metros de la cama donde descansaba. Los quejidos eran gritos de dolor que quedaban ahogados por la mordaza mientras el psicópata despellejaba y mutilaba viva a la víctima. Sin saberlo la chica había salvado su vida al no encender la luz y sorprender al asesino en mitad del crimen.

Yanet no pudo con tanta carga emotiva que significaba este espeluznante suceso, regreso a casa, dejando todo lo que había conseguido hasta el momento ...

Uno nunca esta seguro en cualquier lugar, las cosas impensadas pueden suceder en cualquier momento y en el sitio menos pensado, ... ¿cuantas veces nos habremos salvado de morir...?